13 de diciembre de 2024

La otra Cardona: “Las Barracas”

La explotación del yacimiento salino de Cardona ha sido, desde el neolítico, una constante en las diferentes formas que este territorio ha ido tomando a lo largo de la historia. En 1912, sin embargo, el descubrimiento en Súria de la existencia de sal potásica, marcó un punto y aparte en el aprovechamiento de este subsuelo. En Cardona se abriría una mina de grandes dimensiones, con consecuencias económicas pero también sociales, políticas y culturales.

El inicio de todo

L’any 1923, les Salines de Cardona van ser comprades per la societat Unión Española de Explosivos amb la intenció d’iniciar l’explotació de les sals potàssiques localitzades al subsol. En la seva fase inicial, entre 1926 i 1932, l’empresa va superar el miler de contractacions que no podien ser cobertes, ni de bon tros, per la mà d’obra local i que van suposar l’arribada d’un contingent de famílies vingudes d’altres regions d’Espanya. D’una població de poc més de 4000 habitants, es va passar a més de 6500, amb els conseqüents problemes urbanístics que això a comportar.

La solución inicial de las colonias

Aunque en un principio la empresa ya contemplaba la construcción de un parque de viviendas suficiente para atender las necesidades de los mineros y otros obreros contratados, la realidad fue que esta demanda nunca tuvo prioridad. Primero se construyeron las casas destinadas al director, ingenieros y otros técnicos empleados en la zona residencial de Los Escoriales (1927-1928) y sólo a última hora se tomó la resolución de la problemática generada por la tensión entre una demanda superior a la oferta y un parque inmobiliario caracterizado por viviendas insalubre con familias hacinadas. Entre 1933 y 1963, la UEE debía construir hasta tres colonias con los nombres de Arquers, Aramburu y Manuela hasta sumar un total de 246 viviendas, que siempre fueron insuficientes. Su ubicación en la salida de Els Arquers y la barriada de la Coromina respondía a la proximidad a los pozos de extracción de la mina y la fábrica de tratamiento del mineral, pero también a la voluntad de aislar al colectivo minero del resto de la población para garantizar mejor su control, en caso de necesidad.

La primera y más antigua de las colonias corresponde a la levantada entre 1933 y 1934 en la finca de Els Arquers, que después de sucesivas ampliaciones hechas hasta 1961, llegó a sumar hasta las 149 viviendas que cobijaban unas 800 personas (las otras dos colonias contaban con 97 viviendas). Desde el principio, la existencia de esta colonia quedó marcada por la falta de servicios como una red de agua en boca en las viviendas o equipamientos educativos y sanitarios. A lo largo de los sesenta años que duró la explotación de las sales potásicas en Cardona, los Arquers fueron siempre otra realidad, otra Cardona alejada de la del pueblo.

Más y más immigración

La incertidumbre política y social del período republicano y la guerra civil dieron paso, en los cinco años posteriores al final del conflicto armado, a una reposición de la mano de obra perdida, en muchos casos integrada por republicanos depurados por el régimen por su activismo político que buscaron en las minas de Cardona el anonimato y una nueva vida. El fin de la II Guerra Mundial, con la derrota de la Alemania nazi, supuso la eliminación temporal de un competidor en la producción de potasa, ya partir de 1946, la producción y demanda del mineral vivió un incremento que se reflejó en nuevas contrataciones y, por tanto, en un nuevo ciclo inmigratorio caracterizado por la llegada de gente de Andalucía, en especial del municipio de Encinas Reales (Córdoba).

Las “barracas”

El alud de recién llegados agudizó el problema de la vivienda y comportó, a partir de 1950, la aparición del fenómeno del barraquiso con la construcción ilegal, pero consentida por la empresa y el Ayuntamiento de Cardona, de decenas de viviendas sin las mínimas garantías urbanísticas y de salubridad. Hacia 1958, un censo oficial contabilizaba hasta 40 barracas, que cobijaban a unas 200 personas, recuento muy bajista que pretendía disimular la realidad miserable de unos suburbios donde las personas se agolpaban en condiciones paupérrimas. Chabolas de pocos metros que acogían varias familias, o pequeñas habitaciones con seis o siete menores hacinados… Decenas de casos parecidos en una dinámica que se prolongó hasta bien entrada la década de 1970, con las soluciones implementadas por el Instituto Nacional de la Vivienda.

Fotos: Joan Ramonet

Si vais al Parque Cultural de la Montaña de Sal aprovechad y visitad la exposición La otra Cardona: “Las Barracas”. Barraquismo, lucha social y represión política en la colonia Arquers (1934-1975) producida conjuntamente por el Archivo Histórico de Cardona y Marc Ramonet, con el apoyo del Memorial Democrático y la colaboración de la Fundación Cardona Histórica.