Una broma de los usuarios de Google Maps han convertido el edificio en el que nació Berto Romero en Cardona en un fenómeno viral

El formato abierto de Google Maps permite que se puedan añadir puntos de interés a petición de los usuarios, lo que puede desencadenar casos curiosos. Haz este ejercicio: abre el Maps, busca el Castillo de Cardona, amplía, y desplázate por la carretera que pasa por debajo, justo en la intersección con el pueblo. No te costará demasiado encontrar la “Casa del mejor humorista español”, o la “Casa Museo Berto Romero”.
Un emplazamiento histórico
Dicen que la Plaza de Santa Eulalia de Cardona es la primera que hubo en la villa. A los pies del castillo, es fácil imaginarla como centro comercial, social y administrativo del pueblo primigenio, aunque más tarde éste se trasladara al oeste, alrededor del templo que construyeron los mercaderes.
Por el lado más alto, la plaza como tal linda con la carretera principal de entrada a Cardona, la BV-3002, que hasta ese punto recibe el nombre de Avenida del Rastrillo, que un tramo más allá se convierte en Carretera del Miracle, pero que allí mismo se apodera del topónimo de la plaza de manera, al menos, sorprendente. Es decir, tenemos un tramo de carretera con nombre de plaza. El caso es curioso y parece un capricho de alguien que, en algún momento de la historia reciente, se le ocurrió que aquello era una buena idea. Toda una premonición, tal vez.
La sensación en Google
Pero si echamos un vistazo a Google Maps, este hecho queda completamente eclipsado por ese otro “monumento”, el “museo al aire libre” que durante muchos años ha pasado desapercibido para los cardoninos: la casa natal del humorista Berto Romero.
Google Maps está repleto de comentarios en clave de humor sobre todo lo que ofrece esta “casa museo” y ostenta una envidiable puntuación de 5 estrellas. Una de las últimas reseñas reza: «Si visitas Europa, es imprescindible que conozcas este sitio. Increíble».

Alberto Romero Tomás nació el 17 de noviembre de 1974 en el número 6 de aquella extraña plaza con forma de carretera. Era el domingo, y el mostacho en blanco y negro de José María Íñigo pasaba la tarde con las muchas familias que ya podían tener un aparato de televisor en casa, sin saber que una futura estrella mediática había llegado al mundo.
El edificio, a los pies de la colina coronada por la famosa fortaleza inexpugnable, tuvo la suerte de quedar justo al límite de las casas que se derribaron porque molestaban al proceso de fortificación del castillo, en los siglos XVII y XVIII. Justo enfrente, durante el sitio de 1711, los borbónicos abrieron trincheras y un poco más arriba, en el baluarte de Sant Llorenç, se vivió una auténtica carnicería.
Y ya que hablamos de carnicerías, trasladémonos de nuevo a la primera plaza, la de verdad, donde entre los siglos XI y XIV estaba el centro político y administrativo de la villa, con la alcaldía y la curia. En los bajos, en el llamado Porxo d’en Soler, se encabía también la Carnicería del Crestó, donde los carniceros arrendaban mesas para vender sus productos. Pero actualmente encontramos en ese lugar el Museo de Sal Josep Arnau, una espectacular colección de artesanía hecha con el famoso oro blanco.

El nacimiento de un mito
Si nos centramos en nuestro protagonista, resulta que justo al lado, en unos bajos coronados por unas magníficas arcadas góticas, es donde Berto Romero dio sus primeros pasos en el mundo del espectáculo.
En 1993, él y cuatro colegas formaron el grupo musical “Mundo Ñáñaro”, una formación de un estilo peculiar, mezclando tecno pop, rock sinfónico, new age y otros subgéneros electrónicos. Berto cantaba los temas que tenían letra, y en los que no, cogía el instrumento que quedaba libre.
Unos años más tarde, en 1998, él y Paco Hernández abandonaron la formación para formar la compañía “El Cansancio”, la semilla de su carrera artística.
Así pues, Google Maps no dice ninguna tontería: allí nació y vivió Berto Romero, justo donde, casi mil años antes, también nació un pueblo. La casa en sí, un edificio de tres plantas de dos pisos y unos bajos no puede visitarse, pero está rodeada de historia y de historias. Ya que estáis, no os vayáis sin entrar en el Museo de Sal, ni sin descubrir la capilla de Santa Eulalia y su pasaje, sobre el que estaba el antiguo hospital de pobres y peregrinos.
Además, si la tienda de informática que ahora ocupa el local está abierta, también podréis ver las arcadas góticas bajo las que nuestro gran humorista se puso por primera vez ante un micrófono.